Diferencias neurobiológicas entre los sexos.
ASUNTOS GRISES
Por Sharon Begley (Newsweek, 27 Marzo de 1995)
La mayoría de los neurocientíficos han coincidido en aseverar que la estructura cerebral del hombre difiere muy poco del de la mujer. Pero sus investigaciones no han podido mostrar como era que esas diferencias hacían que los hombres pensaran de una forma diferente al de las mujeres. Sin embargo en la actualidad las cosas parecen haber cambiado sustancialmente.
Con las nuevas tecnologías como la RESONANCIA NUCLEAR MAGNETICA (RNM) y la TOMOGRAFIA DE EMISION DE POSITRONES (PET), los investigadores han observado al cerebro en pleno pensamiento, sentimiento o rememoración. Investigaciones realizadas en este año han revelado que los hombres y las mujeres usan distintas regiones neuronales cuando echan una primera mirada en la lectura o cuando sus mentes están en blanco. Pronto se publicará en una revista conocida, una controversial investigación que revela que las mujeres usan mas regiones del cerebro que los hombres cuando tienen pensamientos tristes, pero posiblemente usan menos áreas del mismo cuando resuelven problemas matemáticos (SAT). Richard Haier, catedrático de pediatría y neurología de la Universidad de California en Irvine y el jefe de las investigaciones en el SAT dice que: “ahora que tenemos datos acerca del funcionamiento del cerebro, estamos logrando nuevas perspectivas, y pese a que estamos recién en las primeras investigaciones ya es posible sustentar la idea que el cerebro del hombre y de la mujer trabajan de manera distinta”.
Para comparar los cerebros masculinos y femeninos trabajando, hacemos que pongan su mente en blanco.

Ruben Gur de la Universidad de Pennsilvania, ha reportado un estudio realizado con PET en 37 hombres y 24 mujeres, reclutados por medio de financiamientos de investigaciones locales. A cada voluntario se le administró una inyección con glucosa radioactiva. La glucosa es una alimento del cerebro, siendo su demanda mayor cuanto mayor es la actividad del cerebro, emitiendo por ende mayor radioactividad, la que es detectada por el PET. Durante 30 minutos el voluntario permanece en reposo, en un cuarto iluminado a medias, con los ojos abiertos y la cabeza en un túnel lleno de detectores en las paredes. Cada voluntario es inducido a relajarse sin que nada esfuerce su mente, mientras el PET escanea su mente.
En los hombres con la mente en blanco la acción se registra en el lóbulo temporal del sistema límbico. Esta región primitiva controla las más groseras de las expresiones emocionales tales como la agresividad. Se le considera el análogo del cerebro reptiliano En la mayoría de los cerebros femeninos que se supone están en reposo, las neuronas que zumban son las ubicadas en al girus cingulis posterior, que es una región nueva desde el punto de vista evolutivo en los cerebros de los mamíferos. Aunque los investigadores no están muy seguros todavía de lo que esto significa, ya que 13 de los varones y 4 de las mujeres mostraron una actividad como la del otro sexo, siendo el problema principal que es casi imposible poner la mente en blanco. Una de las voluntarias y coinvestigadora Lyn Mosley admite que parte del tiempo ella estaba probablemente pensando en algo como ¿cuándo va a pasar esto?. Lo que el escan del PET puede estar mostrando en ese momento es que cuando le decimos a un hombre que piense en nada, los varones piensan en sexo y fútbol mientras que las mujeres suelen combinar sartas de palabras. Pero si en el hombre la actividad encendida está siempre en las neuronas que controlan la agresión, eso puede explicar porque son más violentos que las mujeres.

Las investigaciones del último mes, han revelado que los hombres y mujeres usan diferentes partes del cerebro para crear rimas. Sally Shaywitz y su esposo Bennett Shaywitz, junto con sus colegas de la Universidad de Yale, no estaban investigando el centro poético del cerebro, sino algo mas racional como la lectura, en donde la rima sería una de las primeras destrezas de dicha habilidad. 19 varones y 19 mujeres voluntarios fueron inducidos a determinar cuándo era que rimaban un par de palabras que no tenían sentido, como jete y lete o loke y jote. El voluntario yacía en una máquina de RESONANCIA NUCLEAR MAGNÉTICA, la cual consta de un tubo de 1.20 m. de longitud que contiene un minucioso detector de las regiones activas del cerebro.


En los 19 varones, una región en el girus frontal inferior izquierdo (que está detrás de la ceja izquierda) se encendió como si fuera Las Vegas. Sin ir tan lejos, por más de un siglo los científicos han sabido que el cerebro izquierdo controla el lenguaje. Pero en las 19 mujeres dicha área se encendió además del área ubicada detrás de la ceja derecha. El cerebro derecho es el asiento de la emoción. Es posible que las mujeres sean más afortunadas con el lenguaje, debido a que cuando utilizan las palabras manejan tanto los sentimientos (del cerebro derecho) como las razones (del cerebro izquierdo). El equipo de YALE realizó un hallazgo aún más intrigante: 8 de las mujeres (el 42%) emplearon su cerebro como el de los hombres. La neuropsicóloga Melissa Hines de UCLA afirmó que en todas estas investigaciones sexológicas, algunos cerebros femeninos se parecen a los masculinos, así las niñas juegan con los juguetes de los niños con mayor frecuencia que la que lo hacen los niños con los juguetes de las niñas. Los varones por alguna razón están más encasillados en una sola forma de conducta y posiblemente de pensamiento.
En Irvine, el PET de HAIER escaneó 22 estudiantes voluntarios de cada sexo, mientras que ellos resolvían problemas del SAT. La mitad de los hombres y la mitad de las mujeres tuvieron puntajes en el SAT por encima de 740, la otra mitad obtuvo puntajes alrededor de 540. De acuerdo con esta investigación a la fecha no publicada, y cuyo avance se comunicó en un congreso el último verano, en los varones hábiles el lóbulo temporal estuvo sobreactivado en comparación con los varones promedio (el lóbulo temporal está detrás de los oídos). La habilidad parecía guardar correlación con el esfuerzo. Pero en las mujeres hábiles el lóbulo temporal mostró poca actividad, y no hubo evidencias que usaran su cerebro de forma más intensa que las mujeres promedios. Se ha pensado que las mujeres que son más hábiles en las matemáticas emplean su cerebro de forma más eficiente que las mujeres promedio. Las mujeres y hombres se desempeñaron con eficiencia, solo que emplearon su cerebro de manera diferente para hacerlo. Diferentes en otras palabras no significa mejor.
El último año en la Universidad de Pennsilvania, Ruben Gur y su esposa la neurocientífica Raquel Gur emplearon el PET para indagar acerca de un antiguo estereotipo: por qué los varones no pueden leer las emociones en la cara de la gente. Esta pareja se interesó en esta área a raíz de sus propias diferencias temperamen-tales: mientras que él tiene mayor curiosidad por los números y los detalles, ella está más interesada en trabajar con la gente, él reacciona ante una frustración respirando profundo y apartándose, mientras que ella la analiza. Ellos y sus colegas hicieron que los voluntarios juzgaran cuándo era que los rostros masculinos o femeninos mostraban felicidad o tristeza. Ambos sexos fueron infalibles en reconocer la alegría. Pero en cuanto a la tristeza eso fué otra historia. Las mujeres reconocieron un rostro masculino o femenino triste el 90% de las veces, pero los hombres tuvieron más problemas al respecto. Si bien pudieron reconocer los rostros masculinos tristes en el 90% de los casos, sólo pudieron hacer lo mismo en el 70% de los rostros femeninos tristes.
Ahora bien, desde el punto de vista evolutivo, tiene sentido que un hombre sea más hipervigilante respecto al rostro de otro hombre, ya que de no ser así él no va a poder olvidarse de la primera vez que otro hombre le dio un puñetazo. En cambio no es muy perspicaz con el rostro de una mujer ya que ello a lo más lo puede llevar a pasar una noche en el sofá. Los Gurs habrían tropezado con el hecho que las mujeres no pueden entender el porqué los hombres vean como algo difícil de hacer el ser hábiles respecto a la sensibilidad emocional. En base a los hallazgos con el PET, los cerebros femeninos no tienen que trabajar tanto para juzgar las emociones. El sistema límbico de las mujeres, la parte del cerebro que controla las emociones, fue menos activa que el sistema límbico de los varones que lo hacían peor. Esto es, los cerebros masculinos estuvieron trabajando en exceso para reconocer los rostros, pero no lo hacían tan bien.
El niño de luto parado en el funeral de su padre, la feliz mujer casada cuyo marido le pide el divorcio, fueron escenas evocadas por 10 hombres y 10 mujeres, así como otros recuerdos tristes, mientras que el psiquiatra Mark George y sus colegas del Instituto Nacional de Salud Mental, los escaneaban con el PET. En ambos sexos se acentuó la actividad de la parte frontal del sistema límbico, pero en las mujeres el área activa fue 8 veces más grande que en los varones. Los científicos aseveran que esta diferencia en la intensidad puede explicarnos porque las mujeres tienen el doble de probabilidad de padecer depresión que los hombres. En la depresión el sistema límbico ya no responde y está por lo general letárgico. George especula que posiblemente la hiperactividad límbica que tienen las mujeres durante sus normales accesos de tristeza hace que luego estos circuitos no respondan.
Las investigaciones realizadas con las imágenes cerebrales, son las más recientes y de mayor complejidad tecnológica con las que se han explorado las diferencias sexuales del cerebro. No importa cuán científicas sean, estas investigaciones han servido de acicate en la guerra sin fin entre los sexos que se da en la sociedad. Cuando Raquel Gur conversaba acerca de la diferencia entre los sexos con estudiantes del doctorado en médicina de Illinois, un grupo de mujeres le pidió que detuviera la publicación de sus trabajos, ya que ellas temían que las mujeres fuesen a perder 20 años de logros si trascendía que los sexos no eran iguales. Ellas tenían buenas razones para preocuparse. En uno de los selectos pasajes de un libro de divulgación científica se afirma que el cerebro de los varones no se distrae tanto con las informaciones superfluas y en cambio el de las mujeres tendría menos habilidad para separar las emociones de las razones. Anne Moir y David Jessel escribieron en su libro: Cerebro Sexual, que el cerebro de los varones es un asunto ordenado. El tema de las diferencias sexuales del cerebro atrae tanto interés y encendidas argumentaciones como el de las diferencias raciales en el cociente intelectual.
Aún antes de que los científicos capturasen las imágenes del cerebro pensando o sintiendo, ya existían aspectos en los que los cerebros del hombre y la mujer diferían. Ya en 1880 el cirujano inglés James Chrichton-Browne reportó una ligera diferencia en la anatomía del cerebro masculino del femenino, un área neuronal mayor aquí en un sexo y allá en el otro. Pero el hallazgo más frecuente durante los años ha sido el que el haz de fibras nerviosas por el cual uno de los hemisferios cerebrales se comunica con el otro – llamado el cuerpo calloso- es mas grande en las mujeres que en los varones. Tal vez, la mejor investigación de esta clase es la realizada en 1991 por Roger Gorski y Laura Allen, endocrinólogos de UCLA, quienes examinaron 146 cerebros de cadáveres y hallaron que la parte posterior del cuerpo calloso de las mujeres es 23% mas grande que el de los varones.
Esto ha hecho que como nunca los neurocientíficos se hayan hecho conocidos por el público. A la luz de la idea sostenida por ellos, en los varones los hemisferios cerebrales saben muy poco lo que el otro hemisferio hace, mientras que en las mujeres hay una gran conversada entre ambos. El cerebro femenino es un modelo holístico en cambio el de los hombres está compartimentalizado. El lenguaje en la mujer sobrevive muy bien a una infarto cerebral talvez porque ellas tienen una capacidad para zapatear el lenguaje en el hemisferio derecho. Las mujeres tendrían una mejor destreza verbal, debida tal vez a que su cerebro derecho emotivo enriquece al vocabulario de su cerebro izquierdo. Asimismo las mujeres tienen mejor intuición, tal vez debido a que ellas están al tanto en forma simultánea de la racionalidad del hemisferio izquierdo y de la emotividad del derecho.
Hay un problema con estas explicaciones. Un cuerpo calloso más grande tendría algún significado si tuviese más neuronas, células que transmitan la comunicación. Después de todo los cables telefónicos solo pueden transmitir más conversaciones si contienen más hilos. Y a pesar de los años de investigaciones los científicos no pueden afirmar con certeza que los cuerpos callosos femeninos tengan más neuronas que los masculinos.
La indagación acerca de la otra diferencia ha sido sólo un poco más exitosa. En las ratas los biólogos habían encontrado 15 regiones en que diferían los machos de las hembras. Encontrar tales diferencias en humanos ha sido más difícil. Pero en Noviembre en la reunión anual de la Sociedad de Neurocientíficos, Sandra Witelson de la Universidad de Ontario informó acerca de lo encontrado en la autopsia de 9 cerebros (que habían sido obtenidos de personas que fallecieron de cáncer y que donaron sus cerebros a la ciencia). Las mujeres tenían más neuronas que los hombres a pesar que sus cerebros eran más pequeños. Este 11% extra neuronal estaba todo embutido en dos capas de la corteza cerebral, que es la encargada de la comprensión verbal y el reconocimiento de la melodía y del tono de la voz.
Los neurocientíficos conocen sólo una fuerza que puede desarrollar y estimular, destruir y nutrir a un conglomerado neuronal: las hormonas sexuales. Antes del nacimiento el cerebro de un feto está bañado en hormonas sexuales, dependiendo de las cantidades el feto es varón o hembra. La ética no permite que los científicos experimenten acerca de qué sucedería si la exposición hormonal cambia. Pero la naturaleza no tiene esas consideraciones. Las niñas que nacen con una enfermedad rara llamada CAH que hace que liberen gran cantidad de la hormona masculina testosterona (tal como en los fetos), tienen mejores calificaciones en las pruebas espaciales que el promedio de las mujeres. (Esta exposición extra a la testosterona también les masculiniza sus genitales). Como niñas ellas prefieren -como juguetes- carros y camiones que son por lo general preferidos por los niños. Otras niñas que habían sido expuestas a niveles de testosterona similares a la de los niños, cuando sus madres tomaban la hormona DES para prevenir el aborto, al igual que los niños, ellas mostraron una mejor destreza para rotar una figura en el espacio y en otras pruebas que sus hermanas normales y en las cuales los niños superan a las niñas. Finalmente los niños que padecen de un síndrome que los hace insensibles a la testosterona tienen una mejor destreza verbal que sus hermanos que no lo padecen. Pero son menos hábiles en los problemas espaciales que es patrón característico de la inteligencia femenina. Doreen Kimura, psicóloga de la Universidad de Ontario del Oeste escribió en 1992: “los acciones hormonales parecen extenderse a todas las conductas en las cuales hombres y mujeres difieren, tales como la solución de problemas, la agresividad y la tendencia a los empujones y la rudeza”.
¿Están las diferencias hormonales presentes al nacimiento, o son el resultado de la crianza del niño? Los niños feminizados (cuyas habilidades cognitivas son similares a las de las mujeres y las niñas CAH (mentes parecidas a las de los niños) no son normales físicamente. Sus padres saben que son diferentes y los van a tratar distinto que a sus hermanos y hermanas. Aún de manera más crucial, las niñas anormalmente hormonales no se identificarían con las niñas sino con los niños, asimilando sus conductas y preferencias. De forma semejante los niños feminizados podrían identificarse con las niñas. Luego si las niñas juegan como niños y son más hábiles en las matemáticas que los varones, y los chicos tienen superiores destrezas en los problemas verbales en comparación con sus hermanos normales, es imposible pronunciarse acerca de si la razón de ello sean las hormonas o también las experiencias de la vida. Solo las niñas DES de Hines son un producto total de las hormonas pre-natales, ellas parecen niñas ordinarias, de lo que la gente las trata como niñas y se ven a ellas mismas como mujeres. Su función cognitiva parecida a la de los varones es el hallazgo que no puede ser explicado fácilmente como un producto de la naturaleza.
El trabajo de Hine ha servido como una prueba acerca de que el destino es biológico, pero otras investigaciones han cuestionado ese dogma. Por alguna razón la sobreposición de los puntajes logrados por varones y mujeres en cada prueba psicológica es muy grande. Cualquier mujer que sea elegida de manera aleatoria puede hacer mejor una habilidad masculina que un hombre y viceversa. Gorski de la UCLA afirma que esta sobreposición es también cierta en lo que respecta a las estructuras cerebrales. Más importante aún, la dicotomía naturaleza-crianza es demasiado simplista. La crianza afecta a la naturaleza; esto es la experiencia afecta a lo biológico. El cerebro es tan maleable que las ratas que han crecido en una jaula llena de juguetes y laberintos desarrollan más conexiones entre sus neuronas que aquellas criadas en una jaula sencilla. Más aún, las madres huelen la testosterona de sus crías y los castigan más que a las hembras, eso les induce una mayor cantidad de celulas nerviosas en la raíz de la cola lo que la hace crecer. El cerebro humano también es maleable. En las personas cuyas manos han sido amputadas, científicos han reportado el año pasado la desaparición de la parte del cerebro que una vez registraba las sensaciones de la mano perdida.
Es casi increíble y asombroso como partes del cerebro de las niñas crecen o se encogen mientras que diferentes partes del cerebro de los niños se expanden o contraen, debido a que no ocuparon a sus lindas cabezas con las matemáticas o debido a que ellos se entrenaron con Legos desde el nacimiento, o bien, debido a las tremendas diferencias que hay entre las experiencias de los sexos. El psicólogo Marc Breedlove de la Berkeley UC afirma que: “seguramente el modelado del desarrollo del sistema nervioso depende de cuan compleja sea la interacción humana”, y agrega que: “una cosa que sé es que la testosterona hace que el niño nazca con un pene, razón por la cual todos lo van a tratar de una forma diferente a lo que lo harían si fuera niña. Estoy seguro que ello va afectar el desarrollo del cerebro. ¿Es esto un efecto biológico o social? Es ambos”.
Con respecto a las recientes investigaciones con el PET y el RNM, Richard Haier de Irvine afirma que ellas no nos dicen “como es que los cerebros del hombre y la mujer llegan a ser diferentes”. El escaneo investiga en adultos cuyos cerebros son el resultado de años de sentimientos, pensamientos y experiencias. Los niños todavía no han sido escaneados por la ciencia, pero los estudios en fetos producto de abortos y en recién nacidos (mortinatos), según Breedlove “no ha podido encontrar ninguna diferencia significativa en el cerebro debida al sexo”.
La nueva y poderosa técnica de las imágenes cerebrales está recién empezando a indagar acerca de la antigua cuestión de qué es lo que hace a los sexos diferentes. En la medida que las respuestas vayan surgiendo, ellas van a confrontar nuestras consabidas nociones acerca de qué es lo que nos hace pensar, actuar y sentir -tal como lo hacemos-. Pero si los primeros hallazgos atormentadores tienen algún efecto esclarecedor, las investigaciones mostrarán que nuestras identidades como varones y mujeres, son creaciones tanto de nuestra naturaleza como de nuestra crianza. Y ya no importa qué es lo que la naturaleza nos ha dado, somos nosotros, nuestras elecciones, nuestro sentido de identidad y nuestra experiencia en la vida lo que nos hace a nosotros ser lo que somos.
Traducción: Dr. Jaime Arias Congrains. UPCH, Mayo 1995