La sexualidad en las organizaciones.

La sexualidad masculina subyace en la concepción patriarcal de la vida profesional y organizativa.  La relación en el trabajo privilegia al hombre y a la heterosexualidad (Heam y Parkin, 1984).  Los hombres influyentes y ambiciosos pueden ganar credibilidad por su visible actividad sexual.

Se exige a las mujeres en la organización apariencia sexy y atractiva.  Si no responden a estas exigencias pierden relevancia e interés 8Wolf, 1991).  Las profesoras tienen que caminar sobre la cuerda floa de la visibilidad  y de la invisibilidad a causa de esa tendencia a considerarlas como sexos.  tienen qu desexualizarse  sin llegar a parecer hombres.

Se producen muchas observaciones sexuales en procesos selectivos, en las interacciones coidianas y en situaciones conflictivas.  Carter y Jeffs, (1995) citan un estudio realizado en América que reveló  que un 26% de profesores  universitarios admitían que habían tenido relaciones sexuales con sus alumnas.

Algunas mujeres consiguen ventajas  que no son justas a través de su condición de tales.  A veces, este hecho exige tributos especiales que se convierten  en exigencias por parte de quien tiene poder.  Pero, frecuentemente, al final de la relación interesada, la mujer e s “desechada sin ninguna ceremonia” (Morris, 1994).

Estas relaciones provocan reacciones diversas  entre testigos.  existe el temor a la denuncia ya que se podrían producir represalias o acusaciones de actuar por despecho o por envidia.  De ahí que la más frecuente  reacción sea el silencio público y el cotilleo en privado.

Las relaciones interpersonales  entre profesores y profesoras , entre directivos y profesores/as y entre los alumnos y alumnas están cargadas muchas veces de discriminación.

En buena medida, esta discriminación no es percibida por los agentes, pero basta localizar la atención e intensificar el análisis  para percibir que existen frecuentísimos indicadores sexistas.

a.  muchas de las bromas y de los rumores y el cotilleo de la sala de profesores  y profesoras se cntran  en dimensiones de la vida privada y de los comportamientos personales de los profesores y de las profesoras.

b. Las bromas que hacen los niños a las niñas  tienen muchas veces contenido sexista.  Basta observar un patio de recreo  para descubrir  cómo se tiñen las relaciones de las influencias discriminatorias.

c. El acoso sexual tiene casi siempre la misma dirección, sea de profesores respecto a alumnas , sa entre compañeros (profesores respecto a profesoras y niños respecto a niñas) .   “ilidades de que las tratenEl acosos exual físico, verbal o visual envenenan el clima de una organización” (Nicolson, 1997).

los estereotipos de género que existen en la sociedad tienen lugar también en la escuela.  por eso la dirección del acoso está marcada por la masculinidad.

“Las profesoras nuevas y las estudiantes en práctica eran objetivos principales del abuso sexual.  Esto no es de extrañar.  Como señala Farley las mujernuestra cultura, ya que muchas mujeres no se atreven es que están en puesto de bajo estatus tienen más probabilidades de que las traten como simples objetos de la excitación masculina que las mujeres que tienen más autoridad en la situación laboral” (Whitbread, 1993).

Este es un problema delicado en nuestra cultura, ya que muchas mujeres no se atreven a denunciar el acoso de los varones.  la respuesta de la sociedad es recelosa ante este tipo de quejas (“ella habrá provocado”, “no será para tanto”, “esuna estrecha”, “sería una broma”…).  Muchas personas atribuyen a  simples chistes o bromas  las obscenidades que los hombres dicen dirigiéndose a las mujeres.  Otras entienden que el manoseo o los pellizcos son simples gracias entre compañeros.

Estos problemas no se abordan de forma habitual o compartida.  El acoso se convierte en u hecho aislado, violento y excepcional.  ¿Se abordan alguna vez estas cuestiones en las sesones de trabajo del profesorado?

“El primer anuncio de una reunión  para profesoras sobre el tema del acoso sexual que apareció en la sala de profesores, se encontró con una reacción mixta por parte de los miembros varones de claustro.  Recibió la aprobación de algunos que pensaban que era necesaria una iniciativa de este tipo, la incredulidad de otros,  que no comprendían la postura  y la alarma de los que no querían reconocer que podría ser necesario” (Whitbreaad, 1993)

Comportamientos que se considerarían ilícitos en  la calle se aceptan en la escuela  como si sus paredes  protegiesen la impunidad.  El problema reside en que las mujeres se defienden de estas agresiones sexuales de forma individual y no colegiada.

El curriculo oculto ess absolutamente importante  aquí y es difícil de cambiar actitudes reforzadas dede el nacimiento.  sólo cuando la mayoría del profesorado  e s tan coherente  en su actitud hacia el sexismso como lo es ante el racismo hay alguna esperanza de influir sobre los alumnos” (Withbread, 1993).

El principal obstáculo para la acción colectiva es que las mujeres consideren el acoso sexual como un hecho individual y aislado y no como una forma de trato habitual en una sociedad sexista en la que el grupo  de las mujeres es discriminado de muy diversas formas.

Nicolson (1997) atribuye estos comportamientos a la masculinidad entendida desde tres perspectivas:

a) maculinidad práctica; se trata de insinuaciones sexuales hechas en lugares comunes, en comidas, en excursiones…Si las mujeres se molestan por ello, se les acusa de no tener humor.  Si entran en el juego, de ser descaradas.

b) Masculinidad discursiva:  es una construcción activa de la identidad.  La autorreflexión desarrolla la biografía.  el discurso elaborado desde la perspectiva androcéntrica produce un estado de opinión favorable a estos comportamientos.

c9 Masculinidad inconsciente:  Influencia subterránea de la historia, de la cultura, de la educación…Los mecanismos sutiles de la socialización genern un sustrato de sexismo que tiene la apariencia de natural.

“La masculinidad es como un club cuya entrada  pueden consguir los niños  a cambio de diferentes cosas.  El requerimiento general  para la admisión consiste en no ser afeminado y en ser duro” (Asher, 1989).

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